Hijo de Galilea – Epílogo

Rhode Island, nueve meses después

Deberías ser más cuidadoso, yo no te enseñé a ser un temerario —reprendió el Tuerto Jeff a Kane, su pupilo, viendo como se acariciaba la cicatriz del agujero de bala que le había dejado el disparo de Rider. El pistolero miró a su mentor, puso un amago de gruñido en el rostro, luego resopló —. Eso resopla. Quizá para los demás seas una suerte de héroe, un justiciero o qué carajos sé yo, pero para mi sigues siendo un crío, un crío temerario cegado por ideales que le van a conducir a la muerte prematura.

Las palabras de Jeff eran lanzadas sin contemplaciones, removió el fuego de la hoguera del campamento que los dos nómadas habían preparado en medio de la nada. Una pequeña cena familiar.

Cambio las cosas. Para esa gente.. ¿qué se supone que haces tú? —respondió enojado Kane mirándole a los ojos que, si bien Jeff era tuerto, la costumbre hacia que el pistolero viera los dos orbes del anciano.

Para empezar, no cagarla. Hacer las cosas bien. Y no pierdo el tiempo en niñerías —amonestó ceñudo, encendió uno de sus puros. Aquello era algo que Kane nunca había descubierto, y a fe que le había preguntado, pero no sabía de donde coño sacaba los puros. Pero lo cierto es que siempre tenía uno, y siempre que le echaba bronca lo tenía encendido.

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Salvo gente, niños, padres, madres.. —apretó los dientes tratando de defender su postura —. Eso es más de lo que hice contigo, ¿para qué me entrenaste entonces? ¿No era para hacer justicia? ¿No me decías eso?

—Sí, justicia. No venganza. Por eso es lo que haces, vengarte —resolvió salomónico, prosiguió sin dejarse interrumpir —. Sí, Kane, te preparé para hacer justicia. Para una guerra. No para ser un sicario.

En ese punto Kane estalló levantándose contra Jeff, este ni se inmutó.

¿Guerra? ¿Tu puta guerra secreta? ¿De la que siempre dices que no estoy preparado para saber? ¡No me jodas, Jeff! —sacudió el cuerpo dando la espalda al viejo pistolero —. Llevas toda la vida diciéndome que se prepara algo gordo, algo importante, pero nunca me dices nada, ¿sabes? Empiezo a creer que todo esto son monsergas, que estás chalado.. que solo me dices eso.. porque estás loco y yo he estado siguiéndote porque.. porque no tenía otra cosa.

Jeff endureció un tanto la mirada, pero no respondió, movió las ramas para remover el fuego haciendo saltar algunas chispas. Echó una calada antes de hablar.

No es algo que podamos evitar, chico —dijo con serenidad —. Si crees que me divierte esto, que todo esto es una gran broma de mal gusto y yo soy su director.. ojalá fuera cierto. Pero no es así. Porque no se trata de ti, no se trata de mi, se trata del Destino.

La beligerancia de Jeff se había atenuado, eso hizo que Kane se relajara también y se volviera hacia él.

Si en todo esto está metido el Destino.. no lo sé, pero estoy haciendo algo.. algo bueno. Sé que no es lo quisieras, pero alguien ha de hacer justicia por toda la gente que no puede defenderse, eso debes entenderlo.. —razonó volviéndose a sentar apoyando los codos en las rodillas con la mirada clavada en el fuego.

Kane.. sé que lo que haces es una salida, una liberación —suspiró tratando de ser más contenido en sus opiniones —. Lo que has pasado es muy reciente, Diana.. —echó el humo hacia el fuego —. Pero estás adentrándote en un camino de tinieblas. Te conozco y sé que sufrirás. No eres como esos a los que matas, no eres un monstruo, pero por cada persona a la que arrebates la vida una parte de ti se irá con ella. Dejarás ser el hombre para ser el monstruo, ¿sabes lo horrible que es levantarte un día y que te dé igual a quien le quitas la vida? ¿Que incluso te dé placer hacerlo?

El pistolero no respondía, frotaba las manos nervioso, Jeff acercó la mano a su pupilo.

No, sé que tú no quieres ser así. No lo querría, Diana —sabía que mencionarla era entrar en arenas movedizas, pero no se amilanó porque sabía que tenía razón —. Y yo tampoco. Te he criado desde que tenías ocho años, te conozco. No tires por tierra todo lo que has conseguido, todo lo que eres, todo lo que puedes llegar a ser. Vuelve conmigo, acaba tu adiestramiento, y tendrás las respuestas que quieres.

Kane no parpadeaba mirando a las llamas, desenfundó su revólver y lo miró con detenimiento. Al sostenerlo sintió todas las heridas que había recibido en esos ocho meses, y recordó todas las muertes que había provocado con él.

Me has entrenado. Me has criado. Pero.. hay algo que no.. que no está bien, Jeff —se iba fijando en cada detalle del arma, con lentitud ceremonial —. Lo he buscado, he buscado por todos lados a mi hijo desde que se lo llevaron de los brazos de Diana, pero.. es como si se hubiera esfumado. Nadie sabe nada. Nadie ha visto nada. Estoy.. perdido. Y esto.. —tomó el revólver con firmeza —. ..esto es lo único que tengo para cambiar las cosas. Si no son para mi, quizá sea para los demás. He elegido mi camino, Jeff, por favor.. no me lo pongas más difícil. Sé que no es el mejor, pero.. es lo que soy ahora, lo que puedo ser ahora.

El viejo pistolero miró a su alumno en silencio, la luz de las llamas competían con la luz de su puro para ver cuantas sombras podían reflejar en la mirada de este, la cual estaba firmemente clavada en Kane.

¿Sabes cómo te llaman? El hijo de Galilea, creen que eres una especie de ángel vengador o una mierda así, quien te llamara así tenía una pájara de aúpa —suspiró negando con la cabeza —. Está bien.. no insistiré. Es tu camino, es tu decisión. Pero no te pierdas por el camino, hijo.

Sin esperar el gesto de Kane, vio como este le acercaba su revólver.

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Te he fallado, Jeff. Es justo que te la devuelva, no soy el hombre que esperabas que fuera —dijo abatido, avergonzado. El viejo escupió al fuego, miró al muchacho con severidad.

¿Eres idiota, chico? Esa arma es tuya. Es el arma de un guerrero. Y a pesar de que ahora estés tomando esta decisión, a pesar de que te estés equivocando y te vayas a arrepentir.. —hizo una pausa, se acercó un poco a Kane, le puso la mano en el hombro como siempre había hecho cuando le daba un consejo —. Sé que te he entrenado bien y sabrás encontrar el camino correcto cuando sea el momento. Confía en tu instinto, he entrenado a un gran guerrero y a un buen hombre, y de eso no tengo ninguna duda. 

La emoción atoró la garganta de Kane, ya era raro ver a su mentor hablando de ese modo, pero no esperaba que en ese momento, después de su desaprobación, después de haberlo desafiado, después de renunciar a todo por una mujer, por una familia dando la espalda a lo que Jeff decía que era su destino. El viejo miró el revólver que sostenía entre sus manos su pupilo.

El arma de guerrero debe tener un nombre —dijo con solemnidad.

Raguel —alzó el revólver, lo contempló y miró a su maestro —. La llamaré Raguel.

El arcángel de la justicia y la armonía, es un buen nombre, al menos recuerdas las cosas que te enseñé —miró a la cena, movió la cabeza hacia la hoguera con una sonrisa torcida que encontró otra de Kane —. La cena, chico. Ayuda a este anciano.

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