El Subsector Kaamos (II)

La densidad estelar del Subsector Kaamos siempre ha jugado a su favor desde los tiempos de la Liga. La capacidad de viajar entre sistemas planetarios con relativa rapidez evitando los viajes por el Inmaterium logró mantener una sólida unión entre sus mundos. El subsector se establece, principalmente, en el Cúmulo de Lintutoko y el Moskstraumen, la nebulosa que rodea la Tormenta de la Sirena.

Cúmulo de Lintutoko

Esta asociación estelar abarca centenares de estrellas, aunque la mayoría aun inexploradas o deshabitadas, conforma el corazón del subsector. Existen numerosas rutas comerciales que conectan los distintos sistemas solares, tanto por viaje disforme como por métodos sublumínicos. Aunque en los tiempos de la Gran Cruzada había decenas de mundos habitados en el cúmulo, la guerra civil provocada por Horus provocó una gran devastación en la mayoría de ellos. No es extraño encontrar en los mapas de la zona numerosos mundos muertos, arrasados por las terribles armas usadas durante la Herejía.

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El sistema Surma en el cúmulo, con el Moskstraumen y la Tormenta de la Sirena al fondo atravesando el espacio real. Captura de Stellaris.

Gran parte de las estrellas del cúmulo son enanas rojas cuyo brillo apenas se aprecia en el cielo nocturno, esto provoca que la gran mayoría de los planetas del subsector sean fríos y inhóspitos. Aunque existen excepciones como la estrella Astra Oceanus, una gigante azul ubicada en el confín septentrional del cúmulo y que marca la entrada al Moskstraumen. Parte del cúmulo se superpone a esta nebulosa, a esta región aun poblada por la humanidad se la conoce como la Franja del Errante. Ésta recibe el nombre por las historias del Errante, un planeta misterioso que aparece y desaparece dentro de la nebulosa.

 

El Moskstraumen

Se trata de una densa nebulosa que confina en su interior la peligrosa Tormenta de la Sirena. Durante miles de años se trató de una región relativamente tranquila del espacio, muchas operaciones mineras se llevaron a cabo en su interior rico en recursos y sistemas planetarios ocultos dentro de la nube de polvo y gases. La radiación que mana de las estrellas en formación en el interior del Moskstraumen interfiere con los sensores auspex, a menudo dan señales fantasma tanto de naves como cuerpos celestes misteriosos que aparecen y desaparecen.

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El sistema Pohjola, en la Franja del Errante, dentro del Moskstraumen. Captura de Stellaris.

Cuando la tormenta disforme de la Sirena se manifestó, los viajes a través de la nebulosa se volvieron mucho más peligrosos. Si los navegantes no podían fiarse de los sensores, la influencia caótica que se iba apoderando de la región los acabó de volver locos. En consecuencia las operaciones mineras y de prospección en el interior del Moskstraumen fueron abandonadas. Solo las operaciones gestionadas por el Adeptus Mechanicus prosiguieron su labor, no sin enfrentarse a misteriosas averías, desapariciones de trabajadores en masa y demás contratiempos presuntamente relacionados con la tormenta disforme.

Actualmente el Moskstraumen es evitado por la mayoría de flotas mercantes, solo las flotas del Mechanicus y de la Flota Imperial circulan por la Franja del Errante. Una nutrida de una red de sensores y balizas de navegación que ayudan a las astronaves a navegar por la zona, pero incluso con estos refuerzos atravesar el Moskstraumen es una tarea peligrosa. Todas las operaciones del Culto Mecánico son controladas desde el Mundo-Anillo de Oceanus, que orbita la estrella del mismo nombre.

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El Errante, misterio del Moskstraumen.  Fuente

La nebulosa también esconde secretos y leyendas que atrae a menudo a los Comerciantes Independientes. Los magi del Mechanicus creen que la formación del Moskstraumen responde a un origen, cuanto menos, singular. Se han detectado rastros energéticos que indican que la zona se vio azotada por múltiples supernovas, hay avistamientos de mundos rotos en lo profundo de la nebulosa y registros de campos de escombros de origen xeno, como si todo el Moskstraumen hubiera sido el escenario de una guerra masiva. Pero el mayor misterio de la nebulosa es el Errante, un planeta que aparece y desaparece a voluntad, que tiene totalmente desconcertados a los analistas imperiales.

La Tormenta de la Sirena

Probablemente la gran amenaza a la que se enfrenta el Subsector Kaamos y, por extensión, el propio Sector Suomi y otros de vecinos, es la tormenta disforme conocida como La Sirena. Tradicionalmente se fija la aparición de ésta en el M37, pero la falta de registros fidedignos puede que ubiquen la tormenta en tiempos más pretéritos. Al fin y al cabo, siempre ha habido extrañas leyendas en aquella región del espacio.

 Pero sí se sabe que hasta la aparición de la tormenta la navegación por el Moskstraumen era relativamente segura, después, la cosa cambió drásticamente. Los habituales avistamientos de la nebulosa aumentaron, en algunas regiones más profundas y cercanas a La Sirena los vocomisores emitían un incesante sonido agudo que recordaba a un hermoso canto femenino. Cuando las desapariciones de naves se contaron por centenares, los viajeros empezaron a restringir las rutas por la zona y, finalmente, innumerables colonias y estaciones mineras abandonadas.

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La Tormenta de la Sirena, una puerta abierta a la Disformidad. Fuente.

Como era de esperar ante la aparición de la tormenta, el Imperium estableció un cinturón de control alrededor. Se designó el sistema Pohjola, dentro de la Franja del Errante, como principal bastión defensivo del subsector y el mundo civilizado que ahí fue fortificado convirtiéndose en un mundo fortaleza. Se ampliaron sus astilleros orbitales para atender naves de la Flota Imperial, aunque la principal base naval del Subsector es el mundo anillo de Oceanus.

Después de la apertura de la Gran Fisura la actividad de la Tormenta de la Sirena creció, las corrientes disformes se volvieron locas por todo el Moskstraumen haciendo el tránsito tanto disforme como sublumínico imposible. El canto que afectaba a las comunicaciones se hizo permanente, y ahora no solamente lo escuchaban los operadores de vocoemisores, sino también los astrópatas y los navegantes volviéndolos locos de permanecer demasiado tiempo escuchando el canto.

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