Hijo de Galilea – Primera Parte

Massachusetts, hace 8 años

Una inusual cantidad de cuervos se había aglomerado en un deshilachado árbol de corteza negruzca, Kane lo vio a casi un centenar de metros, así como su coro disfuncional que preñaba el ambiente. Pero había algo más, la respuesta a los cuervos, tres hombres rodeando un hombre tirado en el suelo cuya edad rondaría los cuarenta años, a los graznidos se le unieron las risas de los hombres en pie y los sollozos del desgraciado que recibía las patadas del trío de matones.

¿Cuántas veces te hemos dicho que para pasar por nuestro territorio has de pagar, Joe? —espetó uno de ellos, soltó otra patada en la boca del estómago del tal Joe.

Yo no.. ugh.. solo quería llegar a casa.. no.. —suplicó llevándose las manos al estómago. La cara estaba totalmente sucia por el barro y la sangre, cegándole de forma dramática.

Kane tragó saliva, hacia una semana que había tomado la decisión de marcharse y buscarle, pero realidad era mezquina y golpeaba al joven pistolero en la cara. Por su mente danzaban las palabras de su mentor: “Si haces tuyas todas las causas de este mundo, nunca podrás afrontar la tuya”. Un mentor que había dejado atrás, pero que seguía con él en cada una de sus decisiones.

¡Eh, tú! ¿Qué coño estás mirando? —el grito de uno de los matones le sacó de su ensimismamiento, sin darse cuenta se había quedado parado a pocos metros de la escena, los tres tipos se encararon a Kane que se tensó.

Yo.. —miró hacia el tal Joe, destrozado y humillado, que parecía haber escuchado que los castigadores se dirigían a alguien y alzó la voz suplicando ayuda, Kane apretó los labios —. No quiero problemas, ¿vale? Yo tengo mi camino, vosotros el vuestro.

El que parecía el jefe de los matones se creció ante Kane, parecía que iba a soltar una perorata para intimidarle, pero se fijó en el revolver y el machete que llevaba consigo el pistolero. Hubo un cruce de miradas, sus colegas también se dieron cuenta, resolvieron que no les beneficiaba enfrentarse a Kane.

Está bien, sigue pa’lante y déjanos con nuestros asuntos, ¿capisce? —movió violentamente la mano para que siguiera el camino, el coro de cuervos tronó a la expectativa, casi ansiosos.

Kane acercó la mano al revólver, presto a defenderse si hiciera falta, y asintió rodeando a los tres matones, sin perderlos de vista.

¿Oiga? ¿Oiga? ¡Por favor…! ¡Ayúdeme, por el amor de Dios! —suplicó el desgraciado uniendo lágrimas de impotencia al barro y la sangre, arrastrándose patéticamente en el suelo. Solo recibió otra patada acompañada de risas de los malechores.

Kane siguió adelante, sin volver la mirada, cabizbajo. Atrás dejaba risas, gritos de socorro, violencia, abusos y cuervos. Junto a él una densa capa de vergüenza que le ahogaba el alma.

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Fuente

Este es el primer relato cortito que escribí para el trasfondo de Kane, un personaje para el juego de rol Plenilunio en una partida que aun estoy jugando.

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